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Si alguien quiere localizar a Gemma Mengual, la hallará casi siempre cerca del agua. Puede ser la de una piscina o la salada del mar, pero parece que el líquido elemento la persigue, o más bien que es ella la que ya no puede vivir lejos de su presencia. Esta circunstancia es tan evidente que al periodista no le queda más remedio que emular a sus colegas anteriores y mencionar a la joven de 25 aos el nombre de la mítica, de Esther Williams. “Sí, parece inevitable”, dice ella con cansina resignación. “Supongo que todo tiene su inicio Pero lo que hacía ella y lo que se hace ahora no tiene nada que ver. Era un buena nadadora, eso sí”.

No es que Gemma Mengual, que acumula medallas en las competiciones internacionales, desprecie a Esther Williams. Ni mucho menos. Pero cuando se contemplan las danzas que dibujan en la piscina ella y sus compaeras se comprenderá que se considere lejos de la norteamericana. La moderna natación sincronizada es otra cosa, y la joven Gemma una de sus diosas. Cuando suenan los compases de Vivaldi, amplificados con altavoces subacuáticos, la catalana se transforma, arrincona su timidez y se aduea de la música, de los espectadores y de los jueces. Hasta que le otorgan la medalla. “Yo nado para el público”, dice. “Sobre todo cuando compito. De hecho, es lo que me motiva. Lo hago para que disfrute la gente que está mirando. Me crezco cuando salgo a la piscina, en el agua me defiendo, sé que lo que hago puede gustar. Y a mí me gusta entregarme a la música y a la gente”.

A esa entrega ha dedicado más de la mitad de su vida. Comenzó a nadar con aspiraciones serias cuando tenía nueve aos. Fue gracias a una prima suya, unos aos mayor que ella, como conoció la seducción de la piscina. “Yo nadaba en el colegio, pero me gustaba más la danza. Cuando vi a mi prima en una competición, me dije: ‘Uy, esto es lo mío’. La natación sincronizada es la combinación de las dos cosas. Me apunté al club Kallipolis, y hasta ahora. No he parado”. Que a la deportista le gusta el baile y el ritmo se advierte de inmediato en la sesión fotográfica. Uno esperaría una pose más firme, o atlética, o quizá rígida, producto de la férrea disciplina que al profano se le antoja debe dominar la vida de una nadadora de elite. Pero la cámara descubre a una Gemma Mengual grácil y flexible, más delicada que musculosa, más cercana. Pero muy concentrada siempre, como si de cada disparo de flash dependiera la puntuación de un juez.

Desde luego, su imagen actual dista de la de aquella nia de nueve aos muy despistada, además de tímida. “No soy tan desastre como lo era de pequea”, dice con cierta sorna. “Entonces era torpe y despistada. La típica nia así timidita, perdía las cosas, siempre tenían que ir detrás de mí. He cambiado un poquito, pero siempre queda la esencia. Soy tímida depende de con quién y en qué situación. Tengo miedo de hacer el ridículo. Si la gente me parece superior, me cuesta salir de mí misma”. Pocos lo dirían cuando se la ve enseorearse de la piscina al compás de la música de Vivaldi, el acompaamiento de su última coreografía. El músico italiano la ayudó a conseguir las tres medallas en los campeonatos europeos celebrados en julio en Berlín (plata en las modalidades de dúo y equipos, y bronce en solo). Su entrenadora de toda la vida, Ana Tarrés, también destaca su transformación cuando se zambulle en el agua: “Es como si fuera un actor de teatro. Ha conseguido llegar donde está a base de constancia y de paciencia”.

Cuando no se encuentra en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat es muy posible que esté bronceándose en una playa. En Sant Cugat ha preparado la Copa del Mundo que se ha celebrado esta semana en Zúrich. Pero cuando se la invitó a posar para magazine estaba al sol en Tarifa, y el sempiterno viento de la zona interrumpía la comunicación con su móvil. Fueron unos días de descanso antes de la competición, pero no se separó del teléfono ni un momento. Una sea de identidad de su generación que no deja de sonar durante la entrevista (“me va a estar sonando el móvil, porque lo hace cada diez minutos”). La nadadora no renuncia a otras aficiones de sus 25 aos, como bailar funky y pop en las discotecas de moda de Barcelona junto a sus dos hermanas. O quizá lo que más le guste, descubrir nuevos restaurantes (últimamente, el Telirium de Barcelona). Preferencias: pescado, ensaladas, quesos, buenos embutidos y nada de carne. Así no deja de sorprender a su madre cada vez que viene de una competición casi en los huesos. “Te metes mucha caa. No paro ningún día. La semana anterior ya adelgazo algo, y al llegar a la ciudad en cuestión influye el cambio de alimentación. No comes bien, acabas cansada del bufé, siempre es lo mismo. Entre los entrenamientos y la competición estoy todo el día en el agua, saliendo y entrando. Pierdo hasta tres kilos. Cuando vuelvo, mi madre me dice: ‘Pero qué has hecho?'”.

“Compensa el sacrificio?”,
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le preguntamos para comprobar quizá su grado de adhesión a la piscina y a los triunfos. “Lo que más compensa son los resultados y lo que la gente te dice. Cuando se acercan a ti y te comentan: ‘Tienes algo especial’. O ‘me has puesto la piel de gallina’. Esto me llena mucho. O que salgas del agua y la entrenadora te diga, independientemente de lo que luego opinen los jueces: ‘Ha salido lo que hemos entrenado'”.

El deporte siempre estuvo presente en el hogar familiar, donde, además de padres y hermanas, ha convivido con tres perros y dos gatos. Su padre jugó al fútbol, y también al baloncesto en el Espaol, cuando este club tenía una sección de basket, y su madre fue durante aos monitora de educación física. Una de sus hermanas tampoco era mala en la piscina y la otra no sale del gimnasio. Con esos antecedentes no es tan extrao que Gemma ganara su primer campeonato internacional cuando tenía i3 aos. “Soy ambiciosa, y eso combinado con el talento y el trabajo de mi entrenadora, Ana Tarrés Es fruto de un esfuerzo colectivo, ya empieza a haber una infraestructura en el deporte espaol: centros de alto rendimiento, ayudas”.

Efectivamente, Gemma forma parte de esa nueva hornada de deportistas espaoles extraamente habituados al éxito, donde nadadores y atletas sobresalen con fuerza. Como la joven catalana, suelen compatibilizar ejercicio físico y estudios. En su caso, son las aulas donde se imparten las enseanzas de Gemología las que frecuenta. “No había ninguna carrera que me llamara la atención, me informé sobre Gemología y me pareció interesante. No me costó nada sacar el primer curso, pero luego me he tirado tres aos para aprobar el segundo. Me gustaría ser representante de gemas o dedicarme al diseo de joyas”. Quizá influya en su decisión su novio Ricard, un apasionado del windsurf con conexiones familiares en el sector de la joyería.

Los apuntes de clase no le impiden relajarse con la literatura. Uno de sus últimos libros: El tocador de seoras, de Eduardo Mendoza. Ni reflexionar sobre el mundo más allá del agua: “Me pongo mala cada vez que veo desgracias y catástrofes. Aquí tenemos el terrorismo muy cerca. Cuando veo las cosas que pasan en otros países pienso en la suerte que tengo de estar donde estoy, pero qué mal repartido está todo. Lo mal que lo pasan allí y lo bien que estamos aquí. Tenemos muchos privilegios”.

Dentro de unos días, Gemma volverá a la especie de clausura que vive en Sant Cugat. Allí ensayó incansable el nuevo dúo con música de swing. Cerca del agua, vence las reservas que arrastra de la infancia y se convierte en portavoz de sus compaeras. “No soy tan líder como creo que debería ser. Me cuesta, me gusta estar más tranquila, soy líder entre comillas. Aunque, claro, cuando se habla de natación sincronizada y de Espaa, el primer nombre que sale es el mío”. Es muy probable que dentro de poco se la vea de nuevo en el podio, flipada. La próxima competición importante será los mundiales de Barcelona, su casa, el próximo mes de julio. “Cuando recibo las medallas me quedo flipada, flipada Pienso: ‘Con lo que me ha costado, ya estoy aquí’. Pero me emociona más ver a la gente emocionada aplaudiendo que el hecho en sí. Aunque es muy bonito”.

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Además de la natación sincronizada existen muchas modalidades acuáticas igual de atractivas. Sus ventajas? Tonifican los músculos, aumentan la resistencia y ayudan a quemar grasas.

Natación. Una vez que se sabe nadar, se puede probar con el perfecionamiento que permite el dominio de los cuatro estilos: crol, espalda, braza y mariposa. Se trabaja la técnica, la resistencia aeróbica, la velocidad y la fuerza.

“Fitness” acuático. Sesión en la que se trabaja a una intensidad media incidiendo en la tonificación de todos los grupos musculares, la resistencia aeróbica, el equilibrio y los estiramientos.

“Aquaboxing”. Es una disciplina que engloba las técnicas del “fitness” acuático y de los ejercicios de tonificación, con los fundamentos del “boxing”, “kickboxing” y de las artes marciales. Tiene apoyo musical y coreografía. Mejora el rendimiento y aumenta la resistencia muscular.

“Aquagym”. Movimientos gimnásticos realizados en el agua. Son ejercicios suaves y no se corre el riesgo de sufrir lesiones. Es apto para todas las edades y está especialmente indicado para personas con sobrepeso, con disminución física o artritis.

“Abyss Bliss”. Es una tabla de ejercicios que se realiza en la parte profunda de la piscina. Se emplean flotadores con distintas formas y utilidades.

“Aquabench”. Es un banco de agua en el que se practican distintos movimientos que ayudan a trabajar la coordinación motriz.

“Hidrostep”. Recordaban sus aos dorados y han causado furor en Estados Unidos. Luego, una línea de piscinas de lujo comercializadas con su nombre y que no faltan en ninguna mansión de Beverly Hills que se precie. Y ahora, el último proyecto en el que está embarcada Esther Williams se llama “Aquaria”: un espectáculo acuático similar en grandiosidad a los que interpretó en los aos 50. Su montaje costará más de 30 millones de euros y se estrenará en Las Vegas en 2003.

Con 16 aos, Williams ya había ganado tres campeonatos nacionales de natación. Formaba parte del equipo norteamericano seleccionado para las Olimpiadas de Tokio de 1940, pero la Guerra Mundial obligó a cancelar los juegos. Su carrera como deportista se truncó, pero comenzó la de actriz. Protagonizó junto a Johnny Weissmuller el espectáculo de Broadway “Aquacade”, un musical con cientos de nadadores e impactantes efectos especiales, acordes con la estética estridente de la época. De esa manera hizo popular la natación sincronizada, aunque adaptada al espectáculo. Después de Broadway vino Hollywood: 26 películas que inauguraron un nuevo género, los “filmes acuáticos”, y que crearon una adicción similar a la de los culebrones actuales. Los estudios MGM construyeron una enorme piscina para su rodaje. Ahora, 40 aos después de interpretar su última película y con 80 recién cumplidos, la “sirena de Hollywood” tiene ante sí una nueva carrera como productora.
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