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En pocos días se inaugurará el más fantástico y revolucionario proyecto comercial del 2017, y, tal vez de la década, llamado Shopping París, el único en la región que cuenta con un parque de nieve y un museo 3D. La ambiciosa propuesta tiene, además, otro gigantesco centro comercial dentro, el Shopping China. FOCO encontró a uno de los propietarios e ideólogo de esta majestuosa concepción que a continuación revela la historia que comienza en Corea, hace casi 30 aos.

“Estoy aquí hace 28 aos”, es la frase que murmura Alfredo Kim cuando se dispone a iniciar el relato íntimo, familiar, casi secreto, que accedió a compartir con FOCO, para explicar cómo este hombre transformó una idea en una certeza y la convirtió en una portentosa realidad, que en escasos días será inaugurada: El Shopping París.

Las palabras que emiten sus labios, tienen la fuerza del testimonio, que respetaremos lo más fielmente posible y en primera persona, para que logre transmitir la forma de pensar de alguien cuya cultura original está al otro lado del planeta, en Corea, y de cómo veía a Paraguay desde el exterior.

Antonio Kim, mi papá, vino primero a Paraguay, llegó en 1983. En esa época había mucha naturaleza, pero pocos centros comerciales, y, tras vivir 6 meses en el país retornó con la idea de mudarse acá. La familia no entendía sus razones. Yo tenía 16 aos y tampoco comprendía por qué él quería iniciar nuevos proyectos en Paraguay. En Corea contaba con una fábrica de championes y zapatos y en el centro de Seúl 3 negocios para vender su producción. No necesitaba mudarse a otro país, pero nadie más que él sabía qué visión tenía de Paraguay.

x 1 of 1 Fotografía: Aníbal Gauto

Nosotros somos tres hermanos y no teníamos opción de quedarnos o irnos. Yo debía ir a la academia militar, ya que el servicio militar es obligatorio por 3 aos. Cuando ingresé, mis papás se mudaron acá. Vendieron la casa, la fábrica, los negocios y llegaron a Asunción con un contenedor repleto de máquinas para armar una fábrica de championes. Cuando acabé el servicio militar, a los 22 aos, no quería venir a Paraguay. Era un joven con otros deseos. En Corea lo tenía todo. Era un país avanzado, poseía diversión, viajes, amigos, muchas cosas a las que estaba acostumbrado.

Papá me insistió hasta el hartazgo. Teníamos 12 horas de diferencia y me llamaba de madrugada. Acá eran las 14:00 y allá las 02:00. Me levantaba a recibir su llamada y todos los días, durante dos meses, me gritaba que yo era su primer hijo y que debía venir. Yo le repetía que no quería. Un día hablamos durante 15 minutos y discutimos. Trataba de convencerme. Me cortó la llamada y ya no conseguí dormir bien porque había un disgusto de por medio. Después de un tiempo me volvió a llamar y le pedí que no me llame más a esta hora porque me costaba mucho conciliar el sueo. Sin embargo me dije “maana mismo voy a ir a gestionar el pasaporte para ir a Paraguay”.

Y tomé el avión. Cuando llegué no quise quedarme. Todo era muy distinto. Mi papá se enojó y me impuso un empleo dentro de la fábrica. Era encargado de controlar la costura de los zapatos. Así comencé a trabajar con mi papá. Tras un ao, mi mentalidad cambió a tal punto de que me di cuenta de que mi vida ya no estaba más en Corea, sino en Paraguay.

Comencé a analizar en qué podíamos trabajar, qué cosas nuevas podíamos hacer en familia, qué novedades traer. Llegué el 3 de setiembre de 1988 y en 1989 empezó en Ciudad del Este un movimiento que pretendía fomentar el turismo de la zona. En 1990 hubo una explosión en esa materia y muchas personas visitaban Ciudad del Este.

A papá le propuse abrir un negocio en la capital de Alto Paraná y él dijo que no. Como era un fabricante, le pregunté por qué no abríamos un negocio allí para vender nuestros productos, pero como mi papá solo tenía alma y mentalidad de fabricante me contestó que era mejor habilitar una fábrica. Pero en mi cabeza se gestaba otra cosa. Para mí, lo más viable era habilitar una fábrica y un comercio juntos.

x 1 of 1 Educar con el ejemplo: Esta fue la consigna que se trazó Alfredo Kim. Hoy padre e hija llevan adelante este gran emprendimiento.

Una vez fabriqué 100 championes para un negocio. Nuestra ganancia era de G 5.000 por cada par, pero el revendedor ganaba G. 10.000; pero eso no era todo, nosotros recibíamos cheques y él cobraba en efectivo. Así fue como me di cuenta de que era necesario abrir un negocio. Recién en 1990 mi papá cambió su visión, y en octubre abrimos un local de zapatos en Ciudad del Este, pero comenzó la importación de marcas como Nike, Puma y Pony y el movimiento de la fábrica cayó. Papá cambió los championes por bijoutería. Las traía de Corea para venderlas acá.

Yo siempre tuve claro que el dinero de papá era solo suyo, por lo que no le pedía plata. A mí me controlaba mucho, era su primer hijo, pero a mis otros dos hermanos les compraba incluso autos, les montaba negocios y les daba mercaderías. A mí no, sólo pagó los gastos de mi casamiento.

El legado más importante que me dio mi papa fue que me enseó a trabajar desde chico. Ahora entiendo por qué él me hizo así. Quería que aprendiera muchas cosas antes de morir, por eso hizo que mi vida fuera muy pesada y que tuviera que solucionar todos los problemas. Mi papá falleció en Paraguay hace 14 aos. Cada día aprendía algo nuevo y eso me enseó a ver la vida de otra manera,
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a no tener miedo de enfrentar los problemas.

Un día, mi papá depositó su confianza en mí y dio crédito a mis ideas de comerciante. Vio los resultados y entonces decidió ayudarme fuertemente en lo económico.

Yo estudié hasta los 19 aos. Si bien no tuve la oportunidad de hacer una carrera universitaria, la vida me enseó muchas cosas. Llegué al país y nunca me gustó pedirle a mi papá dinero, creo que eso me dio las herramientas para poder surgir y aprender a ser comerciante por mí mismo, observando el mercado y su movimiento. A esto agrego la innovación, siempre me gustó traer novedades. He ahí el éxito de nuestros negocios.

Ensear con el ejemplo. Tengo tres hijos paraguayos: Una de 25, otra de 23 y uno de 13 aos. A mi primera hija la envié a estudiar a Estados Unidos; la segunda también, fue a Chicago, y el ao que viene cuando termine su universidad va a volver para ayudar en el negocio; mi tercer hijo acaba de terminar el sexto grado, es algo travieso y no tan dedicado como sus hermanas. Incluso, hace 2 aos lo suspendieron en la escuela.

Cuando me enteré de esta situación me enojé mucho, así que le dije: “Mirá Josué, vos ya no podes ir más a la escuela porque ahí estás suspendido. Si querés comer, tenés que vender. Si tenés ganancias, podés comer; y si no tenés, pues no”. Esa tarde le entregué una docena de medias. Nosotros vivimos en el Country Club, entonces mi hijo fue hasta el frente y se puso a ofrecer las medias a los que entraban. La gente se sorprendía de que un coreanito estuviera vendiendo medias y se disponía a ayudarlo. Yo me ponía detrás de él y cada vez que ofrecía la mercadería, yo les decía que no compraran.

Luego de un rato me pidió que ya no le acompae y que me fuera. Le pedí a mi secretario que cada vez que alguien iba a comprarle algo, que le hablara en guaraní a la gente y que le dijera que no. Y sin embargo, ese día vendió 3 medias; tuvo un poco de ganancias, entonces podía comer. Al segundo día le entregué una docena de medias. Una hora después mi secretario me llamó y me dijo que mi hijo había vendido todas las medias a pesar, incluso, de haberle dado a un precio exagerado para que no las pudiera vender. Tenía que vender cada par a USD 5. Para mí era imposible, pero lo logró. Ahí me di cuenta de que mi hijo tenía mi misma visión y que también lo estaba educando como mi padre lo hizo conmigo.

Cuando vienen los brasileos y llevan medias no quieren problemas con la Receita Federal. Compran con confianza porque les damos todas las garantías de que es un producto legal. Eso nos ayudó a crecer y fortalecer nuestro negocio (Bonita Kim Shopping). Cuando falleció mi papá, hubo una sucesión y el dinero que me dieron me ayudó a crecer más rápido de lo previsto. Lo que hice fue invertir en Ciudad del Este y traer algo nuevo.

En la capital altoparanaense hay muchos extranjeros que vienen y ponen sus negocios, pero no les gusta Paraguay, cuando tienen un poco de ganancias se van a otro país. En mi caso eso no será así, pues no tengo ninguna intención de irme. Llegué a Paraguay y pienso morir aquí. Incluso estoy preparando un cementerio en el km 16, en Minga Guazu.

Mi primer negocio fue Bonita Kim. Innové con el primer edificio totalmente de vidrio en Ciudad del Este. En aquella época fue toda una revolución, ahora con el tiempo quedó un poco desfasado, aunque imitaron nuestro ejemplo Shopping Alfonso, Shopping Tudo Livre, Roma y otras empresas, haciendo que la ciudad tuviera un nuevo rostro. Antes esto no era así.

Deseo cambiar la imagen de Ciudad del Este poco a poco. Cuando pensé en levantar el Shopping París tuve una duda. Y es que fui al Duty Free de Argentina y veía como la gente compraba lujo en ese lugar, cosa que no sucedía en Ciudad del Este. Me preguntaba por qué esa gente no pasaba a Paraguay, y, llegué a la conclusión de que era porque no había seguridad, tampoco un ambiente de lujo, ni estacionamiento, agregando que habían muchos vendedores ambulantes en las calles.

Con todos estos antecedentes proyecté hacer un shopping como el Duty Free de Argentina. Justamente, en esa época la Municipalidad estea quería concesionar este terreno, pero tenía un gran desnivel y el desage cloacal pasaba por debajo. En la zona, todos tiraban basura, sin embargo dije que iba a convertir el terreno en el más famoso de Ciudad del Este.

Envié la documentación solicitada, los proyectos y la verificación a la Municipalidad. Cuando se aprobó, pedí al presidente de la SEAM que solucionara el problema del desage, pero me contestaron que en 3 aos a más tardar tendrían dinero para hacer lo que pedía. No podía esperar ese tiempo, así que invertí USD 1.400.000 e hicimos un túnel. Después tuve que nivelar el terreno, lo que también me costó bastante.

Conocí a un chino de apellido Kao que se alió con nosotros, y, pensar que yo era su inquilino. Cuando comenzamos a trabajar, él me confió la administración del negocio. Me dijo que podíamos hacer en sociedad el shopping Bonita Kim y a mí me gustó la idea porque económicamente me convenía ya que no tenía capital suficiente para poner solo el shopping. Para hacer el Shopping París también me alié con él.

Sin embargo, mucha gente dice que yo tengo plata, pero no es así. Toda mi inversión está en este shopping. Nadie sabe lo que sufrí durante 5 aos con la gente que decía que iba a quebrar y que no tendría éxito con este emprendimiento. No hice caso a las habladurías,
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sino que fui paso a paso. Ahora estoy muy feliz porque logré poner en funcionamiento el Shopping Paris.

x 1 of 1 Alfredo Kim ensea la radiografía de su reciente cirugía. Su mayor sueo: Habilitar un hospital de alta complejidad en Paraguay.

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