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Para Arturo Rivarola Trappe (27), el remo ya vino incluido en su herencia genética, y por parte doble. “Mi abuelo materno el Opa Trappe fue de los primeros remeros que tuvo el Club Sajonia. Luego también su hijo, el hermano de mi madre, Enrique Trappe. Y él y el que sería mi padre, Andrés Rivarola, se conocieron en la gloriosa época de los Juegos Universitarios, remando por la Facultad de Veterinaria”, relata. Su padre fue campeón sudamericano en el 76 y su hermana Rocío la segunda de cuatro hermanos participó en los Juegos Olímpicos en el 2004, donde además fue abanderada. Claro que cabe recalcar, que su hermano menor también rema. “Este deporte siempre me atrajo, y me tocó saber de él cuando en el Mbiguá hubo un evento conmemorativo para los campeones sudamericanos del 76, donde estaba mi padre”.

No fue sino hasta los 12 aos que aprendió, porque antes era muy chico para hacerlo. Antes de eso, acompaaba a su papá en el bote. “Era el timonel, la persona que se sienta o acuesta en el bote y maneja el timón. Me querían porque era livianito”, recuerda entre risas; mientras los músculos de su cuerpo nos dicen que mucho tiempo a pasado desde entonces. Para aprender nadar, en cambio, no hubo nada que esperar, como recuerda: “Todos nosotros, los hermanos, tuvimos una infancia de ensueo. Hasta tener edad para ir al colegio, íbamos todos los veranos a una granja familiar en Paraguarí, y ahí con varios arroyos, aprendimos apenas pudimos”. Y desde que aprendió, el remo fue todo lo que quería hacer y más. Fue Múltiple Campeón Nacional desde el 2004 en adelante, Campeón Argentino de Remo Menor 2005, Medalla de bronce en el Sudamericano Juvenil Paraguay 2006, Medalla de bronce (cuatro scul) en el Sudamericano Chile 2008. Y después de eso, vino la separación. Fue a comienzos del 2009 cuando se le juntaron varias circunstancias que lo hicieron llegar a esa resolución: “Empecé a ir más a menudo a la granja familiar, empecé la facultad y también coincidió con el final de un ciclo olímpico: Beijing 2008. De Paraguay no pudo clasificar ningún bote y hubo un bajón grande en el remo.

El ambiente no era el mismo que el que existe ahora. Sólo teníamos dos clubes activos, sumado a que aún no existía el apoyo estatal del cual se valen las federaciones y atletas para poder llevar de mejor manera el deporte de alta competencia”.

Durante el período en el que dejó el remo, Arturo necesitaba continuar con alguna actividad deportiva que supliera en parte toda la intensidad de esta práctica, que exige grandes dotes de fuerza y resistencia por igual. Sólo en la tracción donde se hace fuerza contra el agua se trabajan: cuádriceps y glúteos, extensores de columna vertebral, músculos dorsales, trapecio medio e inferior, bíceps braquial y flexores de los dedos y del antebrazo. En la toma de impulso, la lista continúa. Es por eso que en gimnasios de alrededor del mundo se implementó también el remo de salón o rowing (así como el simulador de remo de Frank Underwood en House of Cards). “Al dejar de remar, competí ao y medio en ciclismo de pista y en mountain bike. Hice ecoaventura y jugué fútbol con los compaeros de colegio”, cita. Al regresar, a finales del 2013, Arturo notó que de chico, disfrutaba mucho el remo por el grupo de amigos formado; pero ahora,
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en cambio, había una diferencia importante. Ahora, la motivación está en la competencia, y eso: “Me hace sentir vivo. Es todo muy intenso. Al todo o nada”.

Respecto a quienes lo inspiran, explica que todos los remeros que están encima de él en la tabla de puntuación se merecen una mención: “Porque andan mejor que yo y yo quiero andar como ellos o más. A mí el deseo de ser mejor me mueve. No se trata de una persona en específico que admire”. Y justamente, en esta búsqueda de la excelencia, la disciplina es parte de su estilo de vida. “Tenés que hacerla un hábito”, sentencia. “La verdad es que la disciplina no me complica mucho ni la calidad de los entrenamientos. Ahora, la entrega diaria sí. El aislamiento social al que estás condicionado es algo que se sufre. Generalmente, para un asado se rúnen a las 21:00, 22:00 y comen a la medianoche. Mientras vos, al día siguiente, tenés que entrenar a las seis. Ya no podés”, destaca entre risas.

Esta palabra de origen latino, regattare, etimológicamente significa “concursar para obtener el premio”, y es el nombre que reciben las competencias en remo. “En las regatas y en los entrenamientos diarios me pasa que mis pensamientos se pierden en distintas cosas, por eso es bueno tratar de encontrar un estado mental en el que únicamente te centres en los movimientos mecánicos que realizás y en rendir al máximo. Así es como vencés al cansancio que siempre te alcanza. El tema es no ceder, no bajar la calidad que trabajaste en el agua”, expresa. Por eso, su día empieza bien temprano: a las 5:00. Desayuna y luego va para el entrenamiento en su bicicleta. Hace un calentamiento antes de tirarse al agua y sale en el bote a las 6:20 como máximo. Ahí se queda alrededor de dos horas y luego vuelve a estirar al salir, para aflojar los músculos.

Luego del almuerzo empiezan sus actividades aleatorias, pero lo que sí o sí debe incluir su rutina diaria hacer es una pausa para un licuado de frutas con una siesta posterior de una hora para recuperar energía. “Al despertarme aprovecho para hacer cosas más tranquilas, como dejar preparada mi comida para después del segundo entrenamiento, lavar la ropa o cosas así, para ahorrar tiempo a la vuelta”. Regresa para el segundo turno del entrenamiento a las 17:00 y sale a las 19:30 aproximadamente.

Se ducha, cena y tiene que estar durmiendo entre las 21:30 o 22:00 a más tardar. “Es todo muy rutinario ríe . De eso se trata, es un estilo de vida”. En sus tiempos libres disfruta haciendo trabajos manuales como carpintería o herrería. “Tengo un sector en mi casa que la verdad, es una juguetería taller. Se me dan bien las manualidades y lo fui aprendiendo con la práctica. Fue justo en ese tiempo que estaba muy metido en la granja familiar, ahí tenés que solucionar cosas como soldar alguna cosa o reparar estructuras de madera, y la verdad es muy útil. Ahora, cuando tengo días libres, aprovecho para hacer alguna que otra cosita acá en Asunción”, comenta.

Ya le tocó dar clases de remo, supliendo en algún horario; pero ahora no le da tiempo para estar comprometido con el entrenamiento al ciento por ciento. “Se siente bien cuando te das cuenta de que podés compartir algo, sobre todo a los chicos. La edad ideal para empezar a remar es a los 13 o 14 aos, pero últimamente en la escuela de remo tenemos mucha gente haciendo remo recreativo. Gente que va después del laburo porque quiere moverse un poco. En ese sentido me pone muy feliz la Costanera, hizo más visible a este deporte que siempre se practicó en la bahía de Asunción pero que nunca estuvo muy expuesto”. Después de alguna competencia grande se toma algunos días libres; pero siempre él mismo los reduce porque piensa que le falta demasiado y no quiere perder días porque “la motivación siempre está”. Después de la experiencia de los Juegos Olímpicos se dio cuenta que aún se puede muchísimo más en este deporte: “El nivel deportivo es altísimo. Y la organización, lo inmenso que es todo. La emoción es tan grande. Todo eso hace que te llame a quererlo de vuelta”.

Aunque este ao le gustaría terminar su tesis en Administración Agraria “porque es una deuda pendiente”, sus movimientos están todos calibrados hacia Tokio 2020. “El objetivo final es clasificar a Tokio y en el medio hay muchísimas cosas por las cuales trabajar para conseguirlo: Odesur, sudamericanos, panamericanos y otras competencias más. Lo más cercano ahora es un sudamericano a finales de abril en Brasilia. Estoy muy motivado con esto, con entrenador nuevo, y con cuatro aos por delante para prepararme para lograrlo”.
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